1. Sun Myung Moon, El Reverendo Moon (detractores)
     
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1. Sun Myung Moon, El Reverendo Moon (detractores)

   
 
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EL HERMANO DE GEORGE W. BUSH ACOMPAÑA A LA SECTA MOON EN PARAGUAY.
FUENTE: Efe – AP

Neil Bush, hermano menor del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, fue recibido el pasado 28 de febrero por el presidente paraguayo, Nicanor Duarte, junto a una delegación de la secta fundada y dirigida por el surcoreano Sun Myung Moon, según informaba la agencia Efe. La Iglesia de la Unificación, el grupo del reverendo Moon, posee grandes extensiones de tierra en el norte de Paraguay, junto a la frontera con Brasil, y a mediados del año pasado la Corte Suprema de Justicia anuló la expropiación de más de 52.000 hectáreas propiedad de dos empresas de esa comunidad religiosa que previamente había aprobado el Congreso paraguayo.

La decisión de la Corte fue criticada duramente por el presidente Duarte, ya que la expropiación debía beneficiar a los habitantes de Puerto Casado, una apartada localidad del norte del Paraguay. Neil Bush fue relacionado en 1990 con un escándalo financiero por la quiebra de dos cajas de crédito de Florida cuando su padre era presidente.

La agencia Associated Press amplía esta información señalando que la oficina de prensa del Palacio de Gobierno informó que Bush ingresó al despacho de Duarte como integrante de la comisión de negocios de la Federación para la Paz Universal, organismo secular de la denominada Iglesia para la Unificación Mundial, que tiene su sede en Nueva York. En Paraguay cuenta con un par de templos, edita quincenalmente el periódico Nuevos Tiempos y posee unas 500.000 hectáreas de terreno en puerto La Victoria, Chaco Boreal, a unos 600 kilómetros al norte de Asunción.

El colombiano Antonio Betancourt, jefe de la comitiva de la secta, explicó a los periodistas luego de la reunión con el senador opositor Miguel Abdón Saguier que "en líneas generales sólo hablamos del interés mutuo por ofrecer a nuestros pueblos mejores condiciones económicas y sociales para vivir sin apuros". Añadió que "tanto el presidente Duarte como Saguier se mostraron muy interesados en la experiencia de negocio de Neil y su familia y también en nuestros asuntos en Paraguay".

En horario nocturno, Bush y Betancourt asistieron a un seminario internacional organizado por ellos mismos, en un hotel de Asunción, sobre el tema "paradigmas de nuevos liderazgos en América Latina y el Caribe en un tiempo de crisis a nivel mundial". "Nuestro invitado Bush no habla español por lo que no puede hacer declaraciones", aclaró Betancourt. Supuestamente, por razones de seguridad no se difundirá el programa de actividades del hermano menor del mandatario norteamericano George W. Bush, pero se especulaba con que realizara una visita de observación en La Victoria. En el referido lugar, el Parlamento expropió en el 2006 unas 60.000 hectáreas por considerar que estaban ociosas, pero la secta Moon pidió a la justicia su devolución. El pleito aún no ha sido resuelto.
(29.02.08)


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INTERNET DESTAPA LA CORONACIÓN DEL REVERENDO MOON EN EL SENADO DE USA

Viernes, 18 de noviembre de 2005 .

El líder de la Iglesia de la Unificación, tras ser coronado en el Senado de EE UU con la asistencia de decenas de legisladores.

Internet destapa la coronación del reverendo Moon en el Senado de EEUU

Senadores y congresistas acudieron al acto del 23 de marzo, que no fue recogido por medios tradicionales hasta ayer

25-06-2004 CADENASER.COM


El pasado 23 de marzo se desarrolló en el Senado de los EEUU una extraña ceremonia. Pese a la prohibición constitucional de otorgar títulos nobiliarios, un grupo de senadores y congresistas republicanos y demócratas asistió a la coronación del reverendo Moon –excéntrico millonario coreano de 84 años autoproclamado emperador de EEUU y sucesor del Mesías-, tras recibir varios premios por su “lucha por la paz”.

Los medios estadounidenses no se hicieron hecho eco de la noticia hasta ayer, tras una intensa campaña de denuncia en Internet por parte de weblogs y páginas web, en lo que puede ser el asunto más importante destapado por medios digitales desde el caso de Trent Lott.

El ‘blogger’ y periodista ‘online’ John Gorenfeld parece ser el responsable de que esta historia no haya quedado oculta por el desinterés de los grandes medios. Según cuenta en su cuaderno de bitácora, vio publicada esta información en un espacio dedicado a los rumores en la página de The Washington Post, que fue retirada de Internet con rapidez. Ayer, tras la difusión que la coronación de Moon ha tenido en Internet, el diario capitalino llevó el asunto a su portada.

Una vez más, la presión ejercida por los ínternautas ha hecho que los medios tradicionales cuenten una historia que de otro modo habría quedado en el olvido. Tras el artículo de Gorefeld en su ‘weblog’, publicó la historia en la reputada página de información Salon. De ahí, la coronación de Moon ha saltado a la portada del Washington Post.

Los hechos se remontan al pasado 23 de marzo, cuando un grupo de congresistas y senadores pertenecientes a los dos partidos mayoritarios de EEUU fueron citados en una sala del Senado para asistir a la celebración de los premios “Embajadores de la paz”, unos galardones otorgados por la organización que dirige el multimillonario de origen surcoreano. Éstos son un elemento promocional más de su objetivo de crear unas ‘Naciones Unidas de la Religión”, que según Moon traerán la paz al mundo mediante la eliminación de las naciones y la unión de las religiones del mundo.

Los seguidores Moon -más de dos millones de adeptos en 120 naciones- se agrupan bajo el nombre de la Secta Moon, Iglesia de la Unificación o Liga Anticomunista Mundial Su fundador Rev. Sun Myung Moon nació en Corea en 1920. Su sede central está en Estados Unidos y en España lucha por ser legalizada desde 1974, sin conseguirlo. Está oficialmente prohibida en países como Alemania e Israel.

CONGRESISTAS Y SENADORES GALARDONADOS

En un vídeo promocional que podía descargarse de Internet hasta la noche de ayer, se repasa toda la ceremonia. En un tono más próximo al que utilizan los espacios de ‘televenta’ o los ‘telepredicadores’ que el de un espacio político, la película promocional narra primero la historia de un mundo en guerra que se aproxima a un futuro mucho más tranquilo gracias al trabajo de los ‘embajadores de la paz’ de Moon. El trabajo de estos ha facilitado, afirma el vídeo, la unión de las religiones y la desaparición de conflictos.

Tras esta introducción –el vídeo pesa unos 16.6 ‘megas’ y dura poco más de 10 minutos- se muestran ya imágenes de una sala del Senado donde varias decenas de legisladores estadounidenses esperan sentados a unas mesas a que empieza la ceremonia. En esta, se premia a muchos de los presentes, que suben al estrado y reciben el reconocimiento de esta organización con discursos emocionados.

Cuando se han entregado todos los premios, un reverendo enciende al público al introducir a reverendo Sun Myun Moon. Al final de un encendido discurso presenta al anfitrión, que desde el estrado se dirige en inglés a los asistentes. Tras su intervención llega el momento más inesperado, sobre todo, según han declarado recientemente, para los políticos.

El reverendo Moon se sitúa en el centro del estrado junto a su esposa, mientras dos congresistas sostienen unas almohadas con las coronas que en breve se sitúan en las cabezas de los homenajeados.

UN EXCÉNTRICO MILLONARIO DE ORIGEN COREANO

Lo sorprendente de esta historia es en primer lugar, que muchos congresistas y senadores acepten participar en una ceremonia de estas características, con la que Moon ha obtenido un gran soporte publicitario.

El reverendo se ha autoproclamado sucesor del Mesías, condición que según ha afirmado en alguna ocasión han respaldado personajes desparecidos hace siglos, como Confuncio, Buda o Jesús. Otros dos fallecidos, Hitler y Stalin, hablaron según dijo Moon durante la ceremonia, para certificar que él era “y no otro, el salvador de la humanidad”.

Recientemente Moon ha arremetido, no por primera vez, contra los homosexuales, que con su advenimiento “se convertirán en cosa del pasado”. “Los gays serán eliminados, los tres Israel serán unidos. Si no lo son, serán destruidos. Será más grande que las purgas comunistas pero bajo las órdenes de Dios”, dijo en enero en unas declaraciones que recoge Gadflyer.

Tras figurar entre los implicados en el escándalo del ‘koreangate’ entre 1976 y 1977 –un caso de tráfico de influencias-, Moon se convirtió en un personaje al que la clase política estadounidense marginó. Hasta que en 1996 el padre del actual presidente de los EEUU apareció del brazo del reverendo con motivo de la presentación del diario conservador Washington Times, propiedad de Moon y que Bush alabó porque trae “salud a Washington”.

Ahora las cosas han cambiado y muchos políticos y personajes públicos destacados no rehusan figurar junto a Moon en algún acto. Sus grupos de seguidores han recibido incluso subvenciones del Gobierno Federal para impartir clases de educación sexual basadas en la abstinencia y el rechazo a los métodos anticonceptivos.

Los congresistas y senadores acuden a su coronación como emperador de EEUU, aunque en los últimos días muchos han dicho que se retiraron cuando empezó la coronación, otros afirman que no sabían que Moon estaba tras la entrega de los premios a los “embajadores de la paz” y otros, como el congresista Danny K. Davis, que portó la almohada sobre la que iba la corona, simplemente reconocen su sorpresa ante lo que sucedió el 23 de marzo en la sala del Senado.
(http://www.cadenaser.com/articulo.html?d_date=&xref=20040625csrcsrtec_1&type=Tes&anchor=csrcsrpor)



El Imperio Moon avanza en Sudamérica
LA INSIGNIA
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*EL REVERENDO MOON
Roberto Bardini

(Advertencia: este escrito es de carácter muy crítico)
Moon (I)
Un reverendo
hijo de... ¿Dios?

Roberto Bardini
Movimiento Bambú
2003

Algún día tenía que suceder, pero fue de noche. La Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) y los empleados del periódico Tiempos del Mundo denunciaron el domingo 26 de octubre que “entre gallos y medianoche” la empresa News World Argentina SA, editora de esa publicación –que aparece en 17 países de América Latina y en tres ciudades de Estados Unidos– “procedió a un vaciamiento físico de su planta de redacción”. .
Sun Myung Moon speaks at the
UTS Graduation, June 21, 2001

El sábado 25, cuando el personal estaba ausente como es habitual durante los fines de semana, informa el comunicado, “empleados de mudanza contratados para la ocasión retiraron todo el equipamiento técnico, material periodístico y e inclusive los efectos personales de los trabajadores y montaron una guardia de seguridad privada que impide el ingreso a la redacción”. La empresa editora, perteneciente al grupo económico y al movimiento religioso encabezado por el reverendo coreano Sun Myung Moon –propietaria también del periódico The Washington Times y de la agencia United Press International (UPI)– estaba radicada en Argentina desde 1996. La firma empleaba a más de 50 periodistas y trabajadores de prensa.
¿Quién es Moon?

Sun Myung Moon quiere decir “sol brillante y luna”. Ése es el nombre –norteamericanizado– que adoptó un ex electricista llamado Young Myung Mun, nacido en enero de 1920 en Pyongyang (Corea), en el seno de una familia campesina que abandonó el confucianismo y se hizo presbiteriana. El portador de ese nombre, que vio la luz en “el país donde el sol se alza y comienzan las mañanas”, es uno de los más controvertidos personajes religioso-políticos de la segunda mitad del siglo XX: el “reverendo” Moon, sumo pontífice de la Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo Mundial, más conocida como Iglesia de la Unificación.

¿Iluminado o demente? ¿Profeta mártir o gurú impostor? ¿Cruzado de la fe o embaucador a nivel internacional? ¿Un rebelde al que sus ideas lo llevaron seis veces a la cárcel o simplemente un degenerado sexual y un delincuente económico? La historia de Moon –como la de aquellos malvados personajes de ficción creados durante la guerra fría y que aspiraban al dominio absoluto del planeta– es una sucesión de actitudes paranoicas, obsesiones económicas, anticomunismo enfermizo, misticismo trasnochado y mitomanía religiosa que algún día deberá estudiar un grupo especializado de psiquiatras, sociólogos, criminalistas y teólogos.

Los padres del pequeño Mun le hicieron aprender desde los siete años los caracteres chinos para que pudiera acceder a las enseñanzas de Confucio. El niño no oyó hablar de Cristo hasta los 14 años, cuando sus papás se convirtieron al cristianismo. El adolescente se sumergió en el credo presbiteriano con la misma devoción con que antes se había iniciado en el confucianismo. En la Pascua de 1936, a los 16 años de edad, tuvo una “revelación divina” y –según sostiene él mismo– recibió “instrucciones” directas de Dios. El Señor lo había escogido para expresar su voluntad en la Tierra. Pero este mensaje –continuar la misión inconclusa de Jesús y redimir a la humanidad– no se conoció sino muchos años más tarde.

Corea estaba ocupada por Japón desde 1904. Durante la Segunda Guerra Mundial, las guerrillas campesinas dirigidas por Kim Il Sung, con apoyo de soldados soviéticos, expulsaron a las tropas japonesas hacia el norte del país. Corea quedó dividida por el paralelo 38 en dos partes: el norte, a cargo de Kim Il Sung, con respaldo de la Unión Soviética, y el sur, bajo la administración del general Douglas MacArthur en representación de Estados Unidos.

En mayo de 1948, los norteamericanos organizaron elecciones presidenciales, sin la conformidad total de los partidos políticos locales, y lanzaron la candidatura de un coreano residente en Estados Unidos. Ante la proclamación unilateral en Seúl de la República de Corea y la postergación indefinida de la reunificación del país, Kim Il Sung convocó a comicios en el norte y el 25 de agosto de ese año proclamó en Piongyang la República Popular Democrática de Corea. En junio de 1950 estalló la guerra entre el norte y el sur, que duró hasta julio de 1953. A su término el país quedó oficialmente dividido. La URSS se retiró de la región pero Estados Unidos permaneció en el sur. La administración norteamericana impulsó una política económica ferozmente capitalista y convirtió al territorio en un enclave exportador, donde hasta los niños eran vendidos al exterior.

Moon, que había estudiado ingeniería eléctrica en la Universidad de Waseda (Japón), regresó a Corea del Norte en 1945 convertido al pentecostalismo. Y fundó, por su propia cuenta, una iglesia de esa denominación, con interpretaciones religiosas muy libres. Tenía entonces 25 años.

Bigamia, estupro y anticomunismo

Otra “revelación” le indujo a casarse con una de sus jóvenes y atractivas devotas. Pero olvidó un detalle: divorciarse de su primera esposa. La mujer lo denunció y él terminó preso. En 1948 fue excomulgado de la iglesia presbiteriana por practicar ritos sexuales con sus discípulas y encarcelado nuevamente “por alterar la sociedad e incitar al desorden”. En enero de 1949 fue nuevamente a prisión, esta vez por “adulterio y libertinaje”.

Simultáneamente, desde su regreso de Japón, Moon se había transformado en un militante anticomunista y organizó un grupo contrarrevolucionario. En 1949, se descubrieron sus vinculaciones conspirativas y fue detenido. Desde Corea del Sur comenzó una campaña que lo reivindicaba como prisionero político y reclamaba su libertad. En 1950, por gestiones de la Organización de Naciones Unidas fue liberado. Se trasladó a territorio surcoreano, donde fijó su residencia y estableció su propia iglesia.

En el nuevo destino, su tendencia al misticismo y el esoterismo no aplacó su frenesí sexual. El 4 de julio de 1955 terminó otra vez tras las rejas a causa de una doble acusación: bigamia y estupro. Otras fuentes señalan diferentes motivos: según un periódico coreano de la época, fue por “violación a la ley del servicio militar” y “detención ilegal de personas”. De acuerdo con un informe de inteligencia estadounidense –que cita la policía de Corea– fue por “seudo religión y falsificación de documentos oficiales”. Como siempre, tuvo suerte y salió rápidamente en libertad.

El año anterior había sucedido algo que transformaría su vida. El primero de mayo de 1945, a 18 años de aquella “revelación divina” de Pascua, Sun Myung Moon fundó la Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo Mundial. El acontecimiento se produjo en un pequeño cuarto de una miserable casa, ubicada en el número 391 de la calle Bukhal, en Seúl. El motivo que impulsaba a la nueva organización era “combatir al comunismo, que es Satanás, en defensa del bien, que es Dios”. Y el ex electricista de 34 años de edad se convirtió en el principal monje de la nueva secta.

En 1960, a los 40 años y separado de cuatro mujeres, Moon encontró finalmente a una supuesta “nueva Eva”, llamada Han Hak. Cinco años después, adquirió notoriedad internacional cuando realizó –financiado por los servicios de inteligencia surcoreanos– una gira de contenido anticomunista por 40 países. Finalmente, el “reverendo” llegó a Estados Unidos el 18 de diciembre de 1971 y se quedó a residir.

En 1990, la secta poseía centros en 130 países. Según sus miembros, contaban con 50 mil adeptos en Estados Unidos; sus críticos sostenían que en realidad eran 5 mil alterados mentales.

El falso sacerdote tenía diez hijos, producto de cinco matrimonios. Vivía en una lujosa mansión –seis hectáreas, 500 metros cuadrados de construcción– de 25 habitaciones, valuada en 75 millones de dólares, en Irvington (Nueva York), a orillas del río Hudson. Poseía avión, dos yates de 15 metros y varios automóviles, entre ellos un Lincoln blindado.

Con el paso del tiempo se calmaron los apetitos carnales de Moon pero se le despertó la voracidad económica. El 16 de julio de 1982, un juez federal del distrito de Manhattan lo condenó a 18 meses de prisión y 25 mil dólares de multa por evadir impuestos.

En 1985, cumplió 65 años de edad en una cárcel de Danbury (Connecticut), donde estuvo alojado 12 meses, también por evasión fiscal. Fue liberado el 4 de julio, día de la independencia norteamericana, y declaró: “Dios me visitó en la prisión, me escogió entre todos los clérigos de América latina y me pidió que trabajara para salvar a Nicaragua”. A principios de ese año, la secta Moon había recaudado un aporte inicial de 100 mil dólares para los contrarrevolucionarios de la Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), “los paladines de la libertad” del presidente republicano Ronald Reagan que intentaban –sin éxito– derrocar al gobierno sandinista.

En las dos oportunidades que estuvo preso por no pagar impuestos a sus ganancias millonarias, sus seguidores aseguraron que la acusación era un pretexto. El verdadero motivo, decían, era “discriminación racial, prejuicios religiosos y persecución ideológica”. La primera vez, su sustituto provisional al frente de la secta, Moses Durst, afirmó: “Si el reverendo fuese un hombre blanco y de religión presbiteriana, no se hubiera llevado proceso alguno en su contra”. Horas antes de ingresar a la prisión, el propio Moon se autocalificó como “una víctima de sus creencias religiosas, al que en lugar de las hogueras medievales se le destinaba al martirio de la reclusión”.

Sin embargo, en ambas ocasiones sus devotos evitaron mencionar el tema económico. Que quizá sea, precisamente, la principal cuestión que impulsa a la Iglesia de la Unificación. Porque Moon posee uno de los más grandes imperios comerciales y financieros transnacionales del mundo, con ramificaciones en Asia, Europa y América.

“Billetes verdes para el Padre Moon”

“Para alcanzar el Cielo hay que ser poderoso en la Tierra”, predica Sun Myung Moon. Y el falso monje actúa de acuerdo a este precepto. A él no le preocupa la afirmación cristiana de que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al reino de los cielos”.

En uno de sus manuales de adoctrinamiento, la Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo Mundial incluye pasajes como el que sigue: “¿Te gustaría hacer dichosos a los billetes verdes (dólares)? ¿Por qué no los haces dichosos? ¡Hay tantos billetes verdes que lloran! ¿Nunca los has visto llorar? ¿Todavía no? Tienes que oírlos. Todos están destinados a ir al Padre Moon”. El mensaje suena ridículo. Pero está dirigido a personalidades frágiles y mentalidades alteradas, que lo absorben, asimilan y actúan en consecuencia, con decisión y fanatismo.

Dispuesta a ganar el Cielo a través de su poderío en la Tierra, la secta Moon es una especie de mafia financiero-teológica que cuenta con alrededor de 110 empresas que constituyen uno de los imperios económicos privados más poderosos del planeta. Posee recursos casi ilimitados y compañías repartidas en todo el “mundo occidental”: hoteles, agencias de viaje, empresas pesqueras, fábricas de alimentos, industrias de armas, granjas, centros vacacionales, restaurantes, imprentas y publicaciones. En Estados Unidos controla, de este a oeste, cientos de escuelas de karate, judo, aikido y tae kwon do. Un dato ilustrativo: en 1975, el presupuesto de la Agencia Central de Inteligencia era diez veces inferior al de la secta.

En 1977, a través de intermediarios coreanos, chinos y japoneses en Estados Unidos, logró el control del Diplomat National Bank y de ahí se lanzó al mundo de los negocios marítimos. Adquirió dos compañías de fletes: la International Ocean Enterprices, en la costa este, y la Golden Gate Sea Food, en la costa oeste. Y además, un astillero que construye buques-factoría en Bayou (Alabama). Compró una fábrica procesadora de pescado en Alaska y una flota de setenta embarcaciones que pescan permanentemente frente a las costas de Guyana y Brasil.

En Estados Unidos, Moon tiene cuentas en el Chemical Bank (Nueva York), el Riggs y el American Security Bank (Washington) y el Wells Fargo (San Francisco). Controla, además, fábricas en Argentina, Australia, Canadá, Costa Rica, Gran Bretaña, Italia, la República Federal Alemana y en casi toda Asia.

La agencia de noticias UPI reveló en 1984 –cuando aún no era propiedad de Moon– que sus empresas daban a la secta una ganancia de 500 millones de dólares al año. Esa cantidad equivale a los beneficios de grandes compañías internacionales, como la ITT o Hitachi. Sólo en Estados Unidos, la venta de objetos “religiosos”, jarrones de mármol, miniaturas decorativas y flores dejaban ganancias de 30 millones de dólares anuales.

La organización seudo religiosa predica la paz y el amor, pero se enriquece con la guerra. Sin prejuicios éticos o humanitarios, la Iglesia de la Unificación es accionista de los mayores consorcios del complejo militar-industrial, como MacDonnell-Douglas. En Corea del Sur es propietaria de cuatro compañías. La principal es la Tongil Industrial Company, que produce armamento ligero: fusiles M-16, lanzacohetes M-79 con licencia norteamericana, metralletas M-60 y la ametralladora antiaérea Vulcano. En segundo lugar se ubica la Illwha Pharmaceutical Co, que industrializa el té de gingseng –extraído de la raíz de una planta con “virtudes tonificantes” y supuestamente afrodisíacas, de un espantoso sabor amargo– que produce ganancias anuales de 10 millones de dólares. Moon posee, además, la Ilshin Handicraft Co y la Tangatita Minus Industrial Co.

Por otra parte, desde Japón la secta se proyecta a Asia y desde Francia a Europa. En el primer país tiene 60 compañías, una empresa cinematográfica y el diario Seikai Nippo. Entre 1975 y 1984, la sucursal de Moon transfirió a la central en Nueva York ganancias por 800 millones de dólares.

Francia fue uno de los primeros países del Viejo Continente en los que se estableció la secta. Fue en 1968, a través del bretón Henri Blanchard, un ex seminarista de la Sociedad de Padres de Picpus. Allí, Moon posee cuentas en la Banca Rothschild. Es propietaria, además, de la red de laboratorios medicinales Alfa-Omega, de las joyerías Christian Bernard (imitación de Christian Dior), de 20 centros donde se alojan alrededor de 2 mil adeptos, de empresas comerciales que distribuyen al resto de Europa el té de gingseng y del periódico Le Nouvel Espoir (“La nueva esperanza”), que llegó a editar 60 mil ejemplares. Su redactor jefe era Jean-Pierre Gabriel, un estudiante de arquitectura que militó en la Liga Comunista Revolucionaria (trotskista). Por otra parte, Moon ha desarrollado fuertes vínculos con el Frente Nacional, de Jean-Marie Le Pen.

En Francia, la secta se divide en cuatro equipos: “La alegría”, que vende Nouvel Espoir y tarjetas postales; “La victoria”, que ofrece vasijas, flores y porcelanas; la sección imprenta, que hace trabajos comerciales; y el grupo distribuidor de té. En París, tenía su sede en el número 4 de la Plaza André Malraux, en la margen derecha del Sena.

Moon ingresó a la República Federal Alemana a través de Paul Warner y Vincenz Reiner. Warner fue integrante de las Juventudes Hitleristas en épocas del Tercer Reich. Dirigía una empresa de importación-exportación y era miembro de la Liga Anticomunista Mundial. En la RFA, la secta era dueña del semanario derechista Der Report y de dos fábricas de máquinas-herramientas: una, cerca de Munich; otra, no muy lejos de Frankfurt.

Negocios e inversiones, compra y venta de acciones, tiendas y comercios, fábricas e industrias... El ex moonista japonés y ex redactor jefe de Sekai Nippo, Yoshikazu Soejima, dijo decepcionado en 1984: “Moon ha traicionado a sus seguidores. Convirtió al movimiento en una gran máquina de hacer dinero. Moon no está trabajando para el mundo, sino para sí mismo”.

27 de octubre de 2003

© Roberto Bardini
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Moon (II)
El mesías evasor
de impuestos... y atómico

Roberto Bardini
Cuando en julio de 1982 el juez Gerald Goettel, de la Corte Federal del distrito de Manhattan, condenó a Sun Myung Moon a un año y medio de prisión en Danbury, expresó que su sentencia buscaba probar "que pueden ir a la cárcel tanto los ricos como los pobres". El magistrado dijo que "los delitos de mister Moon requerían alguna punición disuasiva porque de otra forma millones de personas podrán alegar que los .
Sun Myung Moon speaks at the
UTS Graduation, June 21, 2001

pobres van a dar a la cárcel mientras los ricos y los poderosos que pueden pagar abogados como los que representan al reo, obtienen la libertad".

Durante el juicio, en su declaración bajo juramento, Moon se consideró como "reencarnación de Cristo", a quien "tuvo el divino privilegio de conocer". El falso monje manifestó que, además, "habló" con Buda y Moisés, quienes le encomendaron la misión de unificar a todas las religiones del mundo. Esa tarea –explicó– requería grandes fondos económicos, lo que justificaba la posesión de sus muchas empresas. El predicador expresó que a diferencia del Vaticano –que es propietario de bienes raíces y bancos internacionales a través de intermediarios– la Iglesia de la Unificación no ocultaba su poderosa inserción en el ámbito de la libre empresa, que "hizo de Estados Unidos la potencia rectora de la humanidad".
Un fallo ejemplar

Fue entonces cuando el juez Goettel se tomó el trabajo de razonar su sentencia y, de paso, se permitió algunas sutiles ironías. El magistrado replicó que aunque era profano en temas tales como "las pláticas que pudiesen mantener predicadores de este siglo con los de eras tan pretéritas como las de Moisés y Buda", se felicitaba de que "en estos tiempos de incredulidad y materialismo aún pudieran producirse diálogos tan milagrosos con personalidades tan distinguidas como las mencionadas por mister Moon". Pero aclaró que, como juez federal, entre sus funciones estaba la de "entender de asuntos terrenales, tan prosaicos y triviales como la evasión de impuestos". Goettel dijo que, con el debido respeto a "las singulares relaciones de mister Moon con Moisés, Buda y Jesucristo", éstas escapaban a su competencia. Y, además, eran irrelevantes para la Corte en el tema que estaba tratando: el incumplimiento de las obligaciones que todo ciudadano, nacional o extranjero, tiene en relación con las leyes de Estados Unidos.

La sentencia, entonces, quedó firme. Moon fue declarado culpable y condenado a 18 meses de prisión, además de pagar 25 mil dólares de multa por "fraude fiscal y conspiración".

En El Principio Divino, la "biblia" moonista, se encuentra el origen de la fallida defensa que el "monje" intentó esgrimir. Allí puede leerse:

A partir de ciertos abusos que el liberalismo económico ha ocasionado desde el último siglo, es de buen tono desacreditar hoy semejante sistema que, según dicen, obtendría su prosperidad de la explotación de los trabajadores. Ahora bien, el simple examen de los hechos nos prueba lo contrario. Como muestra el ejemplo norteamericano, la vitalidad de la economía liberal moderna se basa en la elevación del nivel de vida de todas las categorías sociales. Además, el sistema liberal evoluciona por sí mismo hacia un reparto más equitativo de las riquezas. La verdadera causa de la prosperidad de las naciones capitalistas no es la explotación de los trabajadores, ni siquiera de las naciones subdesarrolladas, sino el espíritu de confianza, de iniciativa y de creatividad que caracteriza a su sistema, y, si nos remontamos aún más lejos, a los principios dinámicos contenidos en el mismo mensaje cristiano.
¿Cristo defensor del capitalismo liberal? Parece demasiado. Una de dos: o Moon no entendió el mensaje de quien expulsó a latigazos a los mercaderes del templo, o es un charlatán sinvergüenza.
The Washington Times, al día con los complots caseros

Interesada en llegar a la mayor cantidad posible de incautos, la secta Moon es dueña de varias publicaciones. El diario Noticias del Mundo –versión en español de News World, fundado el 31 de diciembre de 1976– apareció en Nueva York en marzo de 1980. Su primer director fue el argentino Antonio Rodríguez Carmona, ex empleado de la agencia oficial de noticias Telam, de Buenos Aires. Dos meses antes, Rodríguez Carmona había organizado una gira por Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay para un numeroso grupo de periodistas estadounidenses y latinoamericanos, todos obsesionados por la "expansión comunista". A él le siguió en la dirección de Noticias del Mundo su compatriota Roy Centeno, antiguo reportero de United Press International (UPI), residente en Estados Unidos desde 1962. Centeno fue suplantado por otro argentino: José Cardinalli, ex asalariado de Télam y del diario sensacionalista Crónica, de Buenos Aires.

Pero el diario más conocido de la secta es Washington Times, creado en 1982 para competir con The Washington Post. Su primer director fue James Whelan, un veterano periodista conservador descendiente de irlandeses, ex corresponsal de UPI en Argentina y Venezuela. En los 70, Whelan había dirigido Washington Weekly, una revista de opinión también conservadora, y después fue jefe de redacción en The Sacramento Union. La secta le ofreció el doble de sueldo que en sus puestos anteriores, le consiguió casa en la capital, le regaló un Cadillac último modelo y lo hizo socio de un muy selecto club. Whelan asumió el 2 de marzo de 1982 y desplegó enormes esfuerzos, pero no logró la meta. The Washington Times logró vender, como máximo, 100 mil ejemplares contra los 700 mil de The Washington Post. El periodista fue despedido a mediados de 1984, pero la secta fue generosa: conservó el Cadillac y la membresía del club.

El siguiente director de Washington Times fue Arnaud de Borchgrave, un falso aristócrata belga y anticomunista profesional, nacido en 1927, también consultor del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de la conservadora Universidad de Georgetown. Borchgrave firmó un contrato por 900 mil dólares durante tres años de trabajo y asumió el 20 de marzo de 1985. El belga había sido durante 30 años corresponsal del semanario Newsweek en el exterior y, posteriormente, uno de sus editores. Poseía una elegante oficina en Ginebra, cubría guerras, entrevistaba a jefes de Estado, tenía acceso a fuentes de inteligencia y se alojaba en los mejores hoteles internacionales. Según la revista CoverAction (número 19, primavera-verano de 1983) poseía una colección de 12 uniformes de distintos ejércitos occidentales.

Junto con el inglés Robert Moss –también anticomunista a sueldo y ex editor de Newsweek– Borchgrave es autor de dos novelas, The spike y Monimbó. Ambos desarrollaban tramas de guerra y espionaje, y exhibían un antisovietismo primario, destinado a un público neófito. Moss estuvo vinculado al MI-6, el servicio de inteligencia británico. Participó en la conspiración para derrocar al presidente chileno Salvador Allende en septiembre de 1973 y en una época se ganaba la vida, entre otras actividades, como redactor de los discursos de la poca agraciada primera ministra conservadora Margaret Thatcher.

Los colaboradores más asiduos de The Washington Times eran el Premio Pullitzer Clark Nollenhof, el columnista Jack Anderson, el ex asesor del Consejo de Seguridad Nacional Jeremiah O’Leary, Louis Pawels –autor de El retorno de los brujos– y el ex secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Alejandro Orfila, un argentino vendedor de vinos radicado en Estados Unidos. En 12 meses, el periódico había logrado entrevistas exclusivas con el presidente Ronald Reagan, Caspar Weinberger (secretario de Defensa), William Casey (director de la Agencia Central de Inteligencia) y Jeanne Kirkpatrick (embajadora de la Organización de Naciones Unidas), por mencionar sólo a algunos personajes de las más altas esferas del poder en Estados Unidos.

The Washington Times no vendía todos los ejemplares que la secta hubiese deseado, pero en las mañanas, junto con el café, las tostadas y el jugo de naranja, era de lectura casi obligada en el complejo mundo de la diplomacia clandestina, la guerra psicológica y las operaciones encubiertas dentro y fuera de Estados Unidos. En Las guerras secretas de la CIA (editorial Grijalbo, México, 1988), el periodista Bob Woodward relata:

Los tres maletines que generalmente [Wiliam] Casey se llevaba a casa por las noches, contenían montones de periódicos, revistas y recortes. Seguía los medios informativos con la visión de un analista de inteligencia. La información pública, o fuentes abiertas, podían proporcionar algunas de las mejores pistas respecto a las continuas maniobras que se desarrollaban dentro de la Administración. El 30 de agosto [de 1984], una noticia de The Washington Times mereció su atención: «Cinco candidatos para suceder a Casey frente a la CIA». «¡Vaya mierda», pensó. The Washington Times, fundado por Sun Myung Moon, de la Iglesia de la Unificación, era muy citado en el conservador Washington de Reagan. Era lectura imprescindible para estar al día de los complots que se desarrollaban en el 1600 de Penylvania Avenue.
En sus primeros dos años de vida, el diario había sufrido pérdidas por 150 millones de dólares. Pero eso no parecía preocupar a Moon.
Las enseñanzas del "maestro"

Jean-François Boyer transcribe en El imperio Moon (Planeta, Madrid 1988) parte de una carta enviada por un joven fanático de la secta a sus padres en diciembre de 1975: "Sun Myung Moon ha dado un puñetazo en la mesa del Cristianismo dormido", se entusiasma en uno de los párrafos. "Puñetazo" se dice fácil, viniendo de un joven fanático.

Pero, ¿cuál es el mensaje religioso de la Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo Mundial? ¿Cómo es la técnica utilizada para agrupar y manipular a miles de seguidores en varios países? ¿A través de qué resortes se vincula con las altas esferas del poder en casi todo el mundo occidental? Alvin Toffler, autor de El shock del futuro, describe un alarmante síntoma de fines del siglo XX y comienzos del XXI, y responde en parte a esas preguntas:

Tenemos al súper simplificador. Al venirse abajo los antiguos héroes e instituciones, sacudida por conciencia por las huelgas, algaradas y manifestaciones, busca una sola y clara ecuación que explique todas las complejas novedades que amenazan con ahogarlo. ¿El maharischi? ¡Fantástico! ¿La astrología? ¡Perspicacia de los siglos! El súper simplificador confiere importancia universal a cualquier idea que se le pone al paso y que le basta para explicarlo todo.
Gurúes, maestros, shamanes, guías "espirituales". Autocontrol, estados alterados de conciencia, psicología transpersonal. "Tercer ojo", "cuarto camino", "quinto sendero". Yoga, tarot, I Ching, runas. Como en el tango Cambalache van todos mezclados: madame Blavatsky, Gurdjieff, Oupenski, Carlos Castaneda, Sai Baba, Osho, Stanislas Goff. Y, desde luego, Moon. Los adeptos del farsante coreano dicen que no estudió teología ni filosofía en ningún seminario religioso o universidad. Recibió, como él mismo sostiene, "instrucciones directas" de Jesús en la Pascua de 1936. Todo parte de esa "revelación". Además de Cristo, el "reverendo" tomo elementos de Confucio y Buda.
El resultado de esta casi obscena mezcolanza entre cristianismo, confucianismo y budismo practicada por el ex electricista fue El Principio Divino, libro que los moonistas utilizan en sus cursos de adoctrinamiento. Su primera versión se editó en julio de 1957. La confusa "biblia" se divide en 16 capítulos y fue traducida a varios idiomas. Está impresa a todo lujo, con tapas duras y en colores, por la Hermandad del Espíritu Santo para la Unificación del Mundo, con sede en 4 West 43 Street, 10036, de Nueva York. Su verdadero autor, en realidad, es Hyo Won Eu, un coreano que abandonó sus estudios de medicina a causa de una grave afección reumática. Enfermo y desahuciado, convencido de que le esperaba una muerte segura, Eu buscó refugio en la religión y se dedicó a estudiar la Biblia.

¿Cómo fue posible que un hombre con cierta erudición se uniera a un aventurero de dudosa credibilidad? Jean-François Boyer cita en El imperio Moon a Pierre Cabellec, un sacerdote francés que escribió dos libros sobre el "reverendo":

La ocupación y la anexión fueron duramente sentidas en el país de la tranquila mañana. Los budistas esperaban al nuevo Buda y los cristianos buscaban, en el libro del Apocalipsis, una respuesta a sus desgracias personales. En ello veían el preludio del Armagedón y el regreso de Cristo. Los nuevos tiempos mesiánicos estaban próximos, no había duda de ello. En ese clima de espera mística nacieron innumerables grupos religiosos en los que los fenómenos místicos, más o menos heredados de un chamanismo latente, se multiplicaban: visiones, sueños proféticos, incluso milagros, se manifestaban a porfía.
De Alá, al parecer, Moon no recibió "instrucciones". Pero esto tiene una explicación. En Estados Unidos, los musulmanes se encuentran en los sectores más pobres –entre ellos, los negros– y constituyen una "clientela" poco redituable comparada con la de Buda, Moisés y Jesús.
La interpretación de Moon acerca del cristianismo debe haber estremecido a más de un teólogo del Vaticano. Dios –afirma– se divide en dos partes: una, exterior a Él (el universo); otra, interior e invisible (lo espiritual). En el capítulo titulado "La Caída" explica que el pecado llegó al mundo a causa de que Eva decidió hacer el amor espiritual con el arcángel del Paraíso (Lucifer) y luego el amor material con Adán. Ningún hijo puede nacer por medio de un ser humano (cuerpo físico) y un ángel (ser espiritual), pero la infiel Eva heredó el amor satánico y se lo contagió a Adán. Cuando ambos tuvieron hijos, les transmitieron esos estigmas. Por tanto, todos ellos descienden de Satanás.

Por otra parte, en la interpretación de Moon, la Virgen María no sólo no era virgen sino que, además, engañó a José y cometió adulterio con Zacarías. San José, el carpintero, no es el padre de Jesús, asegura El Principio Divino.

Cristo traía una doble misión: restaurar el mundo y engendrar hijos. Según Moon, el Mesías fracasó totalmente. En primer lugar, se alió con los pobres y las prostitutas en lugar de hacerlo con los ricos y poderosos. En segundo lugar, debía casarse con una mujer a la que haría perfecta: ambos lograrían una descendencia que superara al estigma causado por Eva y Lucifer. Pero Jesús no pudo cumplir su designio porque lo crucificaron antes de que pudiera contraer matrimonio.

Dios envió entonces a un segundo mesías.

¿Adivinan a quién?

Sí, acertaron. El nuevo mensajero tenía que lograr la unidad entre el Estado y la Iglesia en las "democracias tipo Abel", y enfrentar a Satanás, que a través del comunismo gobernaba la mitad de la Tierra desde las "dictaduras tipo Caín". De acuerdo con El Principio Divino, es necesaria una lucha a muerte contra el marxismo, aunque exista el riesgo de una tercera guerra mundial. El "libro sagrado" moonista dice:

El conflicto Caín-Abel es el origen de todas las disputas históricas y luchas fratricidas entre los individuos y grupos sociales". Para Moon, por ejemplo, Abel es la Reforma y Caín el Renacimiento. Y agrega: "La Revolución Americana (1776), llevada a cabo por ardientes cristianos motivados por un ideal religioso, realizó el tipo Abel de democracia. La Revolución Francesa (1789), surgida en medio de la violencia e interrumpida en la violencia, realizó el tipo Caín de democracia, de la que debería proceder más adelante el movimiento comunista. El comunismo, continuador de la corriente Caín nacida de la Revolución Francesa, representa un fenómeno absolutamente excepcional en la historia de la Providencia de Dios. El fenómeno del comunismo no es otra cosa que la reproducción contemporánea a nivel mundial de la tentación del asesinato de Caín.
Jean-François Boyer comenta acerca de quien lee El Principio Divino por primera vez y desprevenido: "El paseante que salió a la búsqueda de Dios descubre, al extremo de la carretera, a Satán cubierto con la gorra de Lenin". El periodista reproduce otra carta, enviada por un misionero moonista a sus padres en 1975: "La mayoría de sacerdotes, obispos y miembros de la Iglesia Católica son o tienen ideas comunistas. En la Iglesia Católica se ha podido ser un buen cristiano y un buen comunista a la vez. Es la cosa más horrible y más contradictoria, ya que la ideología comunista por sí misma niega la existencia de Dios".
El 18 de septiembre de 1976, Moon dijo en Washington: "El judaísmo fue la primera religión central de Dios y el cristianismo la segunda. La Iglesia de la Unificación es la tercera religión llegada con la nueva revelación que marcará el capítulo final de la Providencia de Dios... Estas tres religiones son naturalmente como tres hermanos en la Providencia de Dios. Por consiguiente, Israel, Estados Unidos y Corea, países en los que esas tres religiones tienen sus orígenes, deben igualmente ser como hermanos". Corea –asegura Moon– fue elegida por Dios como el nuevo Israel, la próxima "tierra prometida". Dios le confiará a un tercer Adán (él es el segundo) la tarea de unidad y conducción hasta la victoria final.

Sin embargo, Moon y Han Hak –su quinta esposa y también "segunda Eva"– abandonaron Corea en 1971 para radicarse en Estados Unidos. El Servicio de Inmigración y Naturalización norteamericano les otorgó residencias permanentes porque ella tenía un contrato de trabajo como cocinera del templo de la secta y a él por ser su marido... y dependiente económico. La dama coreana, en realidad, no sólo poseía sus propias cocineras en su lujosa residencia de Irvington sino que jamás había probado un plato salido de las cocinas del templo. Prefería comer en los más exclusivos restaurantes de Nueva York.

El 14 de junio de 1976, la revista Time expuso parte del pensamiento de Moon a través de sus propias declaraciones públicas:

Él (Dios) está viviendo en mí y yo soy la encarnación de Él mismo.
Todo el mundo está en mi mano y yo conquistaré el mundo.
Todos los cristianos del mundo están destinados a ser absorbidos por nuestro movimiento.
Ha habido santos, profetas, muchos líderes religiosos en la historia pasada de la humanidad; el Maestro (Moon) es más que cualquiera de ellos y más grande que Jesús.
Yo soy tu pensador, tu cerebro.
Yo deseo tener miembros sometidos a mí, dispuestos a obedecerme, aunque ellos tengan que desobedecer a sus propios padres y a los presidentes de las naciones.
El delirio no concluye ahí. En una oportunidad, el "reverendo" declaró que el reino de Dios hubiese podido instalarse en la Tierra si en 1954 el general Douglas MacArthur hubiera lanzado la bomba atómica contra los comunistas coreanos.

29 de octubre de 2003
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Moon (III)
A la conquista
de América Latina

Roberto Bardini
Julio C. Elizaga, cura de la parroquia de Belén, en Montevideo, es consultor del Vaticano, experto en corrientes religiosas y autor del libro Moon a la conquista del Uruguay. El sacerdote viajó a Estados Unidos para estudiar el comportamiento de la secta y dictó más de 250 conferencias sobre el tema. El 8 de junio de 1986, Elizaga manifestó al semanario uruguayo La Juventud: "La secta Moon es un movimiento político-financiero-religioso. Es una .
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multinacional, tal vez uno de los capitales más importantes del mundo entero de origen desconocido. Tergiversa las doctrinas fundamentales del cristianismo y las adapta a diferentes públicos para captar nuevos miembros. Todos los grupos de derecha y de extrema derecha simpatizan con la secta Moon".
Un coronel y una CAUSA

La Confederación de Asociaciones para la Unidad de Sociedades Americanas (CAUSA), creada en Nueva York en 1980, es una de las 200 asociaciones civiles financiadas por la secta Moon.

CAUSA mantenía vínculos con el régimen derechista de Corea del Sur, grupos fascistas japoneses, la racista John Birch Society y la "nueva derecha" estadounidense. Financió parte de las campañas electorales del republicano Ronald Reagan en 1980 y 1984. Justificó los "trabajos sucios" del teniente coronel Oliver North, ex miembro del Consejo de Seguridad Nacional y principal protagonista del escándalo conocido como "Teherángate" o "Irán contras". Organizó campañas de recolección de fondos para los contrarrevolucionarios nicaragüenses e hizo aportes para la anticomunista Radio Martí. En América Latina sentía una fuerte preferencia por los gobiernos militares.

El presidente de CAUSA, brazo derecho de Moon y jefe político de la secta era el ex coronel Bo Hi Pak, uno de los oficiales coreanos que el 15 de mayo de 1961 llevaron al poder al dictador Chung Jee Park.

El militar se unió a la secta en 1957, cuando era mayor del ejército y trabajaba para las fuerzas norteamericanas de ocupación. Fue torturador, director de servicios secretos, creador de la K-CIA (Korean Central Intelligence Agency) y fundador de Radio Asia Libre, que transmitía programas anticomunistas. Su trayectoria fue recompensada con el nombramiento de agregado militar en Washington, puesto al que renunció a fines de 1964 para unirse a su compatriota Moon. Regresó a Seúl y obtuvo, misteriosamente, una jubilación anticipada. En enero de 1965, volvió a Estados Unidos con un –también misterioso– pasaporte diplomático.

A partir de la década del 70, Bo Hi Pak fue el encargado de abrir camino a la secta Moon en América Latina. No lo hizo a través de la prédica religiosa. Lo logró con el poder de convicción que otorga disponer de millones de dólares en efectivo o en depósitos bancarios.

Los "buenos muchachos" del Cono Sur

En Argentina, CAUSA inició sus actividades pocos meses antes del golpe militar del 24 de marzo de 1976 y después apoyó activamente a la dictadura. En sus primeros años, realizó una lenta y silenciosa campaña para captar adeptos de alto nivel. La Ley 21.745 ampara en el país la libertad religiosa; la secta fue legalizada mediante una ley instaurada el 10 de junio de 1978. Su legajo en la sección No Católicos tiene el número 1184. Los requisitos para el registro eran pocos: denominación del culto, domicilio legal, nombre de los responsables, número de fieles, fundamentos doctrinales y forma de funcionamiento.

A partir de 1979, la secta comenzó su actividad pública. Para ello, contó con dos sólidos respaldos provenientes del ejército y de la Iglesia Católica: el general Ramón Díaz Bessone, secretario de Planeamiento durante el régimen de Jorge Rafael Videla, y monseñor Antonio Plaza, arzobispo de la ciudad de La Plata.

Díaz Bessone suministró contactos con altos oficiales de las fuerzas armadas. Plaza patrocinó en 1981 un curso moonista. Quizá fue como retribución al favor del cardenal que la secta donó 120 mil dólares a la Universidad Católica de La Plata para crear la carrera de periodismo. El 15 de noviembre de 1985, tal vez como un intercambio de cortesías, esa universidad otorgó a Sun Myung Moon y a Bo Hi Pak el título de doctor honoris causa. El diploma correspondiente a Moon lo recibió su esposa en Nueva York: el "monje" estaba en la cárcel por evadir impuestos.

Bo Hi Pak no se limitó a las actividades religiosas y académicas. La secta adquirió la réplica de un castillo construido en un campo de 130 hectáreas en Lobos, a 100 kilómetros de Buenos Aires, y una granja de 23 hectáreas en las afueras de la ciudad de Brandsen. Además, compró varios inmuebles en la Capital Federal y en el interior del país. Al mismo tiempo, estableció vínculos con los diarios La Prensa y Ámbito Financiero, liberal conservador el primero y presunto vocero de los servicios de inteligencia el segundo.

El apoderado legal de Moon en Argentina era el abogado Juan Carlos Almonacid, quien fuera defensor del ex cabo de la Policía Federal –ascendido meteóricamente a comisario general– y ex ministro de Bienestar Social, José López Rega, conocido como "El brujo" y "El profeta Daniel". López Rega, un "esóterico" de cuarta categoría, fue uno de los impulsores en la década del 50 de una secta agnóstica que sustentaba el principio de "unidad mundial" a través de un triángulo con vértices en tres continentes: Asia, África y América Latina. Lo denominó cabalísticamente Tres A. Y cuando llegó a ministro, fundó un "escuadrón de la muerte" clandestino: la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina).

A fines de los 70, Moon dirigió sus ojos rasgados hacia Uruguay. El coronel Bo Hi Pak viajó varias veces a Montevideo. En una de esas giras, llegó con 50 millones de dólares y compró el Banco de Crédito del Uruguay. La casa financiera era la tercera en importancia en el país: fundada en 1908, controlaba 29 sucursales y mantenía una dotación de 600 empleados. Después, el ex militar y sus asesores adquirieron la Editorial Polo, crearon el diario Últimas Noticias y se convirtieron en dueños del hotel de cuatro estrellas Victoria Plaza. Todo parecía fácil en Uruguay. Y resultó mucho más fácil cuando Venancio Segundo Flores –suegro del general Gregorio Álvarez, el último dictador militar uruguayo del siglo XX– fue designado apoderado legal de Moon.

En abril de 1981, se efectuó en Montevideo el primer seminario de CAUSA. Lugar de reunión: la Dirección Nacional de Turismo, dependencia del gobierno. Discurso inaugural: Bo Hi Pak. En la sala, entre los selectos invitados: el general Luis Queirolo, comandante de las fuerzas armadas; Alejandro Rovira, ministro del Interior, y Francisco Toureilles, ministro de Industria y Energía. La prensa no fue admitida; sólo la revista El Soldado, órgano del ejército estuvo presente. En su número 72, pueden leerse las siguientes palabras, pronunciadas por Bo Hi Pak:

Todos los hombres y todas las naciones deben triunfar juntos sobre el comunismo. Es un movimiento internacional el que debe enfrentar el comunismo internacional. En materia de victoria sobre el comunismo, quiero que Uruguay sea un modelo para el resto del mundo. Este país fue el primero en América del Sur que sufrió los asaltos comunistas y los rechazó con éxito. Por lo tanto, es lógico que el movimiento CAUSA arribe ante todo a Uruguay. Creo que el Unificacionismo puede producir en este país líderes dinámicos y devotos que ayuden al mundo a liberarse del imperialismo comunista.
El país rioplatense se transformó en una plaza económica y financiera muy productiva para la secta. A fines de ese año, los propios uruguayos bromeaban acerca de que la capital debía modificar su nombre y pasar a llamarse Moon...tevideo.
El director de Últimas Noticias, un tabloide a cuatro colores lanzado en septiembre de 1981, era Julián Safi, descendiente de cristianos maronitas libaneses, católico a ultranza y condecorado con la Orden del Cedro. Safi tenía entonces 41 años, ocupaba un lujoso despacho en el tercer piso del periódico y jamás se imaginó que llegaría tan alto. Según los colegas que trabajaron con él, "el turco" siempre fue un periodista mediocre. En 1960, a los 21 años de edad, era un oscuro reportero del matutino conservador La Mañana, propiedad de Carlos Manini Ríos, un "cacique" de la derecha del Partido Colorado. Después, se casó con Clotilde, la hija de Manini, y con el tiempo se convirtió en director del matutino. Safi comenzó a adquirir compromisos políticos. A través de su cuñado, Hugo Manini, profesor del Liceo Militar y cabecilla de la agrupación fascista Juventud Uruguaya de Pie (JUP), accedió en 1970 a la dirección de Relaciones Públicas de la dictadura militar.

Las dos décadas de carrera profesional del "turco" Safi culminaron en el lujoso despacho de Últimas Noticias. Allí, bajo una fotografía que mostraba al presidente Ronald Reagan estrechando la mano del ex coronel Bo Hi Pak, repetía a sus visitantes más o menos las mismas palabras: "Yo no soy un hombre de negocios... Si estoy aquí no es porque sea un genio, sino porque tengo la confianza del reverendo Moon".

Uruguay fue, en realidad, la segunda escala de la gira latinoamericana de Bo Hi Pak. La primera fue Paraguay, donde el general Alfredo Stroessner –quien llevaba 27 años en el poder– lo recibió el 2 de marzo de 1981. Al término de la entrevista, el ex coronel coreano declaró: "Creo que es un hombre especial, elegido por Dios para dirigir su país". En el país pensaban distinto: en 1989, el dictador paraguayo fue derrocado y se exilió en Brasil.

La tercera etapa fue Bolivia. En La Paz, Bo Hi Pak fue recibido por los generales narcotraficantes Luis García Meza y Luis Arce Gómez. Poco después, trascendió que la secta había aportado cuatro millones de dólares a los dos cabecillas que el 17 de julio de 1980 derrocaron a la presidente Lidia Gueiler. Alfredo Mingolla –agente de los servicios de inteligencia argentinos, apresado por la policía boliviana en 1983, después del intento de asesinato contra el vicepresidente Jaime Paz Zamora– reveló a la revista alemana Stern en 1984 que Thomas Ward, integrante de la dirección de CAUSA Internacional, había participado directamente en la organización del golpe militar.

Chile fue la cuarta escala del presidente de CAUSA. Estuvo allí del 22 al 26 de junio de 1981 y su estadía culminó con un banquete en el Hotel Sheraton, de Santiago, donde brindó públicamente a la salud del general Augusto Pinochet. Bo Hi Pak se había entrevistado con el dictador chileno en 1980, antes de lanzar CAUSA en el país sudamericano.

América Central:
"Los valores de la democracia occidental"

La secta Moon hizo su gran aparición pública en América Central en los primeros meses de 1983, a través de la organización de una gira en la que participaron más de 150 periodistas de 45 países. El recorrido se denominó "Investigación de los hechos en Centroamérica". Según sus promotores, tenía por finalidad "contrarrestar la campaña periodística de la izquierda".

A mediados de mayo de ese año, Bo Hi Pak visitó Honduras. Allí tenía muy buenos amigos entre ciertos oficiales de las fuerzas armadas, algunos empresarios y dirigentes universitarios conservadores. El infatigable dirigente de CAUSA fue invitado a hablar ante 500 cadetes de una escuela militar de San Pedro Sula, al norte de Tegucigalpa, donde dijo: "El mundo se encuentra en llamas bajo la agresión del totalitarismo y ustedes, caballeros cadetes, tienen la misión de defender las instituciones republicanas". Y en alusión a Nicaragua, agregó: "El totalitarismo está tocando a las puertas de un país vecino".

El presidente de CAUSA firmó con la Universidad Nacional Autónoma de Honduras un programa de adoctrinamiento de 500 estudiantes, para enseñarles "a defender los valores de la democracia occidental y luchar contra el comunismo". El artífice del convenio fue el rector de la universidad, el abogado Oswaldo Ramos Soto, alias "Rata gorda", integrante del Partido Nacional.

Además, Bo Hi Pak dejó un pequeño aporte de 50 mil dólares para la Asociación Pro Desarrollo de Honduras (APROH). El presidente de APROH era el comandante de las fuerzas armadas, general Gustavo Álvarez Martínez, fundador de los "escuadrones de la muerte" hondureños.

Álvarez Martínez –conocido como "El sicario", es decir "asesino a sueldo"– se había graduado de subteniente en el Colegio Militar argentino en los años 60 y posteriormente regresó a Buenos Aires para recibir un curso de Estado Mayor. Hasta principios de 1980, había sido comandante militar en la región norte, la más importante del país y tradicional feudo de la empresa transnacional bananera United Brand. Fue jefe del Cuarto Batallón de Infantería con sede en la ciudad de La Ceiba y, posteriormente, del Tercer Batallón de San Pedro Sula. Los campesinos ceibeños, al igual que los obreros y estudiantes sampedranos, suspiraron de alivio cuando a mediados de 1980 Álvarez Martínez fue trasladado a Tegucigalpa. Allí, se hizo cargo de la Fuerza de Seguridad Pública (FUSEP) y de la Dirección Nacional de Investigaciones (DNI), desde donde inició una sistemática represión contra estudiantes universitarios, sindicalistas y militantes políticos. [El autor de este trabajo –entonces subdirector de la Editorial Universitaria y corresponsal de Canal 13, de México– se vio obligado a huir del país en noviembre de 1980].

En noviembre de 1981, después de 17 años de gobiernos militares, se realizaron elecciones presidenciales. El triunfador fue Roberto Suazo Córdova, del Partido Liberal. En sus primeros meses de gobierno, el nuevo mandatario –un ex dipsómano que se redimió a través de la religión y la terapia de Alcohólicos Anónimos– se entrevistó dos veces en la presidencia con Bo Hi Pak.

En enero del año 1982, a los 40 años de edad, Gustavo Álvarez Martínez fue designado comandante de las fuerzas armadas. A partir de entonces se inició en el país "la era de las desapariciones y los cementerios clandestinos", como dijo el ex coronel Leónidas Torres Arias, ex jefe del G-2 o inteligencia militar.

Dos de los más decididos promotores de CAUSA eran periodistas: Amílcar Santamaría, ex simpatizante de la Democracia Cristiana y entonces encargado de las relaciones internacionales del gobierno, y Moisés Ulloa Duarte, empleado de la embajada de Estados Unidos, miembro de la Liga Anticomunista Mundial, veterano delator policial y locutor en programas radiales antisoviéticos, anticubanos y antisandinistas. Pero el principal contacto de Bo Hi Pak en Tegucigalpa era el embajador norteamericano John Dimitri Negroponte, ex agente de la CIA en Saigón durante la guerra de Vietnam.

Costa Rica fue otro de los hitos de la secta. El 22 de julio de 1987 se inauguró la fábrica Realtex en la ciudad de Cartago y al acto asistió el presidente Óscar Arias. Realtex era la quinta compañía coreana que se instalaba en el lugar. La empresa pertenecía al grupo Daewo, integrante del imperio económico de Moon. El semanario costarricense Libertad advirtió el 31 de julio de ese año: "La experiencia de otros países indica que la secta Moon realiza una acción planificada para controlar los centros vitales de la nación, priorizando en una primera etapa la expansión económica para después controlar e influir ideológica, política, religiosa y educativamente". Y más adelante explicaba por qué Realtex y las otras cuatro empresas se habían instalado en Cartago: "Porque en las zonas francas como ésta, los trabajadores costarricenses obtienen salarios de hambre. Ahí está su fuente de ganancia: la explotación de mano de obra barata".


31 de octubre de 2003
* Tercero de una serie de seis artículos


© Roberto Bardini
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Moon (IV) *
Un manipulador audaz como pocos

Roberto Bardini
Cuando Moon decidió establecer una punta de lanza para expandirse en América latina, eligió al Uruguay de la dictadura militar. Después, previendo la salida de los militares en caso de que se realizaran elecciones –tal como ocurrió en 1984– escogió a Colombia por ser “una de las democracias más estables del continente”, según sus propias palabras. En lo que se refiere a la estabilidad política colombiana, puede afirmarse que las predicciones a corto, mediano o largo alcance no figuran entre las “virtudes” del reverendo coreano. .
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En ese convulsionado país –que durante más de medio siglo no había conocido la paz civil– la secta contó con el respaldo del liberal Julio Turbay Ayala, quien ocupó la presidencia del Senado (1974-1978) y de la república (1978-1982). Turbay Ayala dictó un Estatuto de Seguridad que llenó las cárceles de presos políticos y comunes, y que se considera como una antecedente directo de los “escuadrones de la muerte”. Cuando recibió una amonestación del Vaticano porque los reclusorios estaban repletos, el mandatario replicó: “Aquí el único preso político soy yo”. Muchos de los integrantes de su gabinete se convirtieron después en integrantes de “la familia” Moon. El más conocido de ellos fue Víctor Mosquera Chaux, que en la secta ocupaba un puesto equivalente a vicepresidente. Otro de los adherentes era el ex presidente conservador Misael Pastrana Borrero, un ultracatólico que gobernó Colombia de 1970 a 1974.

Pero el principal colaborador de la secta Moon era José María Chávez, un especialista en derecho internacional, doctorado en Oxford, decano de la Universidad de los Andes (Bogotá), profesor en la Universidad de Columbia (Nueva York) y embajador en Washington en tiempos del presidente Dwight Eisenhower. En El imperio Moon, Jean-François Boyer describe a Chávez de la siguiente manera:

Es uno de esos personajes melosos y sonrientes, que frecuentan asiduamente los cócteles de Washington y París desde hace decenios y terminan por establecer una red impresionante de amistades y conocidos. Pequeño, barrigón, calvo, posee unos ojos maliciosos que pueden descubrir una chica guapa en una recepción de 300 personas.
Una de sus primeras misiones diplomáticas lo llevó a Corea, donde representó a su país en las negociaciones que pusieron fin a la guerra [en 1953]. Colombia era parte implicada, pues sus tropas participaron en los combates junto a los estadounidenses, bajo la bandera de las Naciones Unidas. Chávez trabajaba entonces con un joven capitán, Álvaro Valencia Tovar, que mandaba el batallón colombiano. Comprometido a lo largo de toda su vida en el interminable conflicto que opone su gobierno a las guerrillas de las FARC y luego del M-19, hoy en día es uno de los mejores teóricos mundiales de la anti-insurrección. Chávez lo hará invitar a Seúl y luego a las conferencias de CAUSA a partir de 1984.

Su hermano, Enrique Chávez, presidente de la Cámara de Comercio de Bogotá, hizo su fortuna con la venta de flores a nivel nacional e internacional. Abastecía a Moon con toneladas anuales de flores que luego los devotos vendían en avenidas, universidades y aeropuertos.
El primer gran paso de la secta en Colombia fue dado a través de José María Chávez en 1983, cuando se realizó en Cartagena de Indias la Sexta Conferencia Internacional de Medios de Comunicación. En esa oportunidad, asistieron –entre otros– el escritor peruano Mario Vargas Llosa, el historiador colombiano Germán Arciniegas y el intelectual francés Jacques Soustelle, quien fue uno de los dirigentes del encuentro. La conferencia se reunía cada año, desde 1978, en un país distinto; la secta se encargaba, como siempre, de todos los gastos.

Jacques Soustelle [1912-1990] merece algunos párrafos aparte. Culto, apasionado por la antropología y la política, fue un típico exponente de la consigna vivere pericolosamente, acuñada por Federico Nietzsche y enarbolada por Benito Mussolini. Entre 1932 y 1939 realizó viajes científicos por América Central. Sus trabajos le valieron en 1937 la designación como director del Museo del Hombre, de París, y años más tarde la presidencia de la Sociedad de Americanistas. Sus libros El pensamiento cosmológico de los antiguos mexicanos, La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, El arte de México antiguo y Los cuatro soles, le permitieron ingresar a la Academia Francesa.

Pero Soustelle no se dedicó solamente a la investigación antropológica y la actividad académica. También sentía atracción por las intrigas políticas y la acción directa. Fue secretario en 1945 del Partido de la Reunión del Pueblo Francés, creado por el general Charles de Gaulle; más tarde, gobernador de Argelia, y después ministro de Ultramar (1959-60). También fue uno de los cabecillas de la Organización del Ejército Secreto (más conocida por sus siglas en francés, OAS), un grupo terrorista que se oponía a la independencia de Argelia y que planificó más de 30 intentos de asesinato contra De Gaulle.

El investigador argentino Rogelio García Lupo apunta en el semanario El Periodista (Nº 85, Buenos Aires, 25 de abril-1º de mayo de 1986):

El último libro de Soustelle sobre los olmecas, una civilización que en el primer milenio antes de Cristo alcanzó notables expresiones culturales en los actuales estados mexicanos de Veracruz y Tabasco, renueva las tesis de una influencia del otro lado del Pacífico sobre el México precolombino, materia que los americanistas continúan investigando.
Un científico como Soustelle, integrado en una ideología aventurera como la de Moon, necesariamente deberá mover a la reflexión, ya que no sería sensato suponer que lo acompaña para alcanzar la fama, ni tampoco por los viajes fáciles, ni tan sólo por el enfermizo anticomunismo que domina su existencia. Soustelle pertenece a la raza de los investigadores profundos de las civilizaciones desaparecidas, de una escuela que se propone una historia abierta e infinita del hombre, oponiéndose por consiguiente a la filosofía general de la civilización occidental, marcada por el racionalismo. Estos arqueólogos y antropólogos han dedicado cientos de libros a narrar la huida de los celtas del naufragio de la Atlántida y la fundación de una nueva civilización, a explicar la Puerta del Sol de Tiahuanaco como el recuerdo de misteriosas naves espaciales y a documentar de qué forma los arquitectos incas y los egipcios intercambiaban sus secretos. Para algunos de ellos, Machu Pichu fue construida a gran altura emergiendo de un diluvio universal provocado por un satélite.

Soustelle ha conservado un gran rigor en sus libros, sin recaídas en la denostada arqueología romántica que tiende a novelar, con datos verídicos, teorías generales sobre el pasado del hombre.

Los nazis cultivaron en todo momento la investigación arqueológica y la antropología en general con el propósito de fundar una concepción del mundo y expandirla sobre la Tierra. Una escogida masa de científicos estuvo durante años en la tarea de establecer el puente entre las antiguas civilizaciones y la sociedad racista que, de acuerdo con Hitler, debía continuarla en el presente. «Los que sólo han visto en el nacionalsocialismo un movimiento político, no han visto nada», escribió el führer una vez.

Otro enigma inquietante: muchos de los discípulos peruanos de Soustelle en La Sorbona, posteriormente concentrados en la Universidad de Huamanga, al sur de Ayacucho, terminaron conformando la dirigencia de Sendero Luminoso, cuya cúpula inicial estaba integrada por antropólogos, arqueólogos y filósofos. Al referirse a la reunión en Colombia en la que coincidieron Soustelle, Vargas Llosa y Arciniegas, García Lupo dice:
El punto de convergencia entre personas que tienen un cierto pasado ideológico y aparentemente no han renunciado a él por completo, y el discurso oportunista y mediocre de Moon, es uno de los mayores misterios políticos de la década de los 80.
Hay misioneros teosóficos y ocultistas, masones castigados, predicadores solitarios, curas renegados, profetas fracasados, complicadas mallas de filósofos militantes y políticos conspiradores, que buscando un hogar común terminaron reuniéndose detrás de Moon, dándole a su aventura religiosa el poder de choque que ninguna otra secta ha podido exhibir.

Es una auténtica federación de facciones religiosas, teosóficas, orientalistas, paranoicas, antisemitas y de cualquier clase, que invitadas por el monje coreano aportan su propia fuerza sin perder sus propósitos originales. Esta federación ha encontrado en Moon una figura apropiada para seguir adelante, inmerso cada grupo en sus propias obsesiones, y todos detrás de un manipulador audaz como pocos.

14 de Noviembre de 2003
* Cuarto de una serie de seis artículos

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Moon (V) *
Los “salvadores”
del mundo

Roberto Bardini
En las últimas semanas de febrero de 1985, la secta Moon organizó en el parisino Hotel Meridien –a través de otra de sus “creaciones”, el Consejo Internacional de Seguridad– un seminario de cuatro días a puerta cerrada. Sesenta oficiales militares y 30 civiles vinculados a las fuerzas armadas de 15 países discutieron –y seguramente coincidieron– sobre “el peligro comunista en América latina”. La organización del cónclave estuvo a cargo del presidente del Consejo, el experto en geopolítica .
Sun Myung Moon speaks at the
UTS Graduation, June 21, 2001

Josef Churba, ex asesor de seguridad nacional del gobierno de Ronald Reagan.

El presidente de la hermética reunión fue el teniente general (retirado) Gordon Summer, quien declaró que el objetivo del seminario era “convencer a los ejércitos de Europa Occidental para que aumenten sus compromisos en América latina y principalmente el Caribe”. Summer dijo: “Hay peligro de contagio revolucionario en México, y ello puede amenazar la frontera de Estados Unidos, lo que nos obliga a resistir a todo precio la implantación comunista en el Caribe y rechazar con todas las fuerzas el marxismo-leninismo cubano”.
Si Gordon Summer tuviera que vivir de sus predicciones geopolíticas estaría agonizando de hambre o trabajando de fakir en un circo. Una década después de sus proyecciones estratégicas, el “teatro de operaciones” es exactamente al revés.

Los ejércitos de Europa Occidental no están comprometidos hoy en América Latina ni el Caribe, sino en Afganistán e Irak; más lejos, imposible. La advertencia de Summer sobre el “contagio revolucionario en México” haría rodar por el suelo –de risa– a cualquier estudiante de primer año de Ciencias Políticas: en el país de Pancho Villa y Emiliano Zapata hoy gobierna Vicente Fox, un ex gerente de la Coca Cola. El bronco mandatario llegó a la presidencia en representación del Partido Acción Nacional (PAN), de origen contrarrevolucionario, creencia católica, perfil conservador y readaptación neoliberal. La “amenaza” en el límite sur de Estados Unidos es real... pero sólo para los mexicanos: es la frontera más vigilada, militarizada y mortífera del mundo.

La mención del teniente general acerca de la “implantación comunista” en el Caribe provocaría una sonrisa de desdén a más de un directivo de agencias de viajes, líneas aéreas o cadenas de hoteles de cinco estrellas. La mayoría de las islas caribeñas –incluyendo a Cuba– es destino turístico, no plataforma de lanzamiento revolucionario. Y, finalmente, el marxismo-leninismo cubano es una especie de “incunable” en una América Latina donde el tono político progresista está marcado por el pragmatismo de dirigentes como el venezolano Hugo Chávez, el brasileño “Lula” da Silva y el argentino Néstor Kirchner.

La pandilla salvaje

Los militares latinoamericanos asistentes al seminario del Consejo Internacional de Seguridad eran pesos pesados, sentados en la misma esquina del ring. Uno de los participantes era un viejo conocido: el ahora general (retirado) Álvaro Valencia Tovar, ex comandante en jefe del ejército de Colombia, destituido en 1975 por participar en un complot golpista contra el entonces presidente Alfonso López Michelsen. Valencia Tovar ostentaba, además, otro “merito”: en 1966 había dado la orden de asesinar a su ex amigo Camilo Torres, el sacerdote que se convirtió en guerrillero.

El militar había estado al frente, con el grado de capitán, del batallón colombiano que participó en la retaguardia de la guerra de Corea (junio de 1950-julio de 1953). A lo largo de casi toda su vida fue uno de los protagonistas del prolongado conflicto entre el gobierno y las guerrillas del Movimiento-19 de Abril (M-19) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). También se convirtió, desde luego, en uno de los teóricos contrainsurgentes más reconocidos por los ejércitos latinoamericanos. A partir de 1984, se vinculó a CAUSA.

La delegación argentina era una de las más numerosas: seis oficiales de alta graduación. Encabezados por el general Ramón Díaz Bessone –uno de los primeros contactos de Moon en Buenos Aires– estaban los generales Osiris Villegas y Miguel Mallea Gil, el brigadier Jorge Martínez Quiroga, el almirante Raúl Fitte y el contralmirante Roberto Eduardo Otto Wulff.

Villegas, un especialista en geoestrategia, era defensor legal del ex jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires, general Ramón Camps, acusado de miles de casos de desapariciones forzadas y secuestros, entre ellos el del periodista judío Jacobo Timerman, ex director del diario La Opinión.

Mallea Gil fue comandante del Quinto Cuerpo del Ejército y agregado militar de la embajada argentina en Estados Unidos. Martínez Quiroga era ex director de la Escuela de Defensa Nacional, en la cual dirigió en 1981 un curso sobre “la agitación mundial” comunista. Fitte se había desempeñado como jefe de la aviación naval hasta 1977.

Wulff ocupó la jefatura de la infantería de marina durante el régimen de Jorge Rafael Videla (1976-81) y tenía una característica especial: dentro de la fuerza naval de su país –históricamente masónica, liberal de derecha y pro británica– pertenecía al sector de admiradores del Tercer Reich alemán.

Díaz Bessone fue el único de la media docena de militares argentinos que habló en público, una potestad que corresponde sólo a los miembros activos de la secta Moon. El oficial afirmó en una conferencia de prensa que el jefe de Estado cubano Fidel Castro “constituye el mayor peligro que sufre América latina y no habrá paz en Centroamérica mientras él esté en el poder”.

También se encontraban el almirante Ronald McIntyre Mendoza y el general Díaz Reveco, de Chile; el director de la Academia Militar de Paraguay, mayor general Gustavo Prieto Bustos; el jefe de investigaciones policiales y de Migración de Perú, general Miguel Cadena de los Ríos; el representante peruano ante la Junta Interamericana de Defensa, mayor general Gastón Ibáñez O’Brien; el teniente general ecuatoriano Carlos Gudiño, y el coronel hondureño César Elvir Sierra. Los adustos representantes militares enclaustrados en el Hotel Meridien se podrían describir con el título de una película del Viejo Oeste dirigida por Sam Peckinpah en 1969: La pandilla salvaje.

Entre los civiles se encontraban el joven nicaragüense Pedro Joaquín Chamorro (h), precoz y no demasiado lúcido ex director del diario La Prensa, de Managua; Roberto Rivas, encargado de negocios de la embajada de El Salvador en Gran Bretaña; y Guido Fernández, ex ministro de Gobernación (Interior) de Costa Rica. Los demás eran publicistas políticos, analistas militares y periodistas vinculados a los servicios de inteligencia de sus países: la “crema de la crema” del anticomunismo a sueldo.

Guerra sucia y éxtasis celestial

De las cuatro días de sesiones en el Hotel Meridien, sólo el último se hizo público el temario. Algunas de las exposiciones tenían títulos significativos: “Examen crítico de las ideas marxistas”, “El imperialismo soviético y la Tercera Internacional” y “Confusiones del enfoque occidental sobre el sistema comunista”.

Los tres encuentros anteriores, a puerta cerrada, fueron más interesantes. Los militares y los civiles abogaron por la participación de los países europeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en ejercicios bélicos en América Latina y en una vigilancia conjunta de las vías marítimas y aéreas del Caribe. Se manifestaron en favor, igualmente, de la formación de “una fuerza de policía regional” para intervenir rápidamente en zonas de conflicto. También sugirieron el boqueo a Cuba socialista y Nicaragua sandinista, analizaron la forma de destruir a la guerrilla de El Salvador y recomendaron una defensa más eficaz del Canal de Panamá. Todos los asistentes fueron partidarios de endurecer aún más la “doctrina de seguridad nacional” elaborada por estrategas contrainsurgentes de Estados Unidos en los años 60.

Una de las particularidades de esta doctrina reside en que impulsa el tratamiento militar de las cuestiones políticas, económicas y sociales. Extraña misión la de las fuerzas armadas latinoamericanas entre las décadas del 60 y 80: para defender la soberanía nacional, reciben directivas del exterior que señalan que el enemigo está dentro de las propias fronteras. Los opositores políticos internos se convierten en enemigos a los que hay que aniquilar militarmente. Y hay que derrotarlos como sea, a través del enfrentamiento regular e irregular, el hostigamiento de “baja intensidad”, las operaciones encubiertas o la “guerra sucia”. Ésta fue la opción por la que se pronunciaron los cien participantes del hermético seminario organizado en París por el Consejo Internacional de Seguridad de la secta Moon.

Afuera del hotel, mientras tanto, los jóvenes devotos de la Iglesia de la Unificación detenían a los transeúntes parisinos y –con expresiones de fervor místico y éxtasis celestial– vendían hermosas flores de todos los colores mientras repartían folletos que predicaban paz y amor.

La mención de “expresiones de fervor místico” y “éxtasis celestial” no es un recurso literario. El manual de instrucciones para reclutadores de la secta Moon (una especie de trampa cazabobos a través de la propaganda, las relaciones públicas y la persuasión) puntualiza:

En la primera etapa del contacto, hay que elegir el blanco. Es necesario ser psicólogo, aprender a leer el rostro, impresionar a la gente con nuestra calma, nuestra seguridad, nuestra concentración. Hay que dar a nuestro rostro, en especial a la mirada y a la boca, una expresión que impresione. Debemos saber muy bien que somos superiores a los demás. Es preciso que la gente tenga la impresión de que ganará algo escuchándonos.
Sin embargo, para el “blanco” elegido la ganancia es poca. Como se verá en la próxima nota (la última), el contacto con la secta Moon puede transformarse en un verdadero descenso a los infiernos. Esa trampa de consecuencias casi dantescas tiene un nombre en idioma chino: hsi hao. Literalmente, “lavar el cerebro”.


14 de Noviembre de 2003
* Quinto de una serie de seis artículos

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Moon (VI)
Lavado de cerebro

Roberto Bardini
En 1977, Sun Myung Moon fue demandado ante el Tribunal Superior de Justicia de San Francisco por un grupo de padres que pedían recuperar la custodia de sus hijas, ya mayores de edad, porque habían sufrido un proceso de “lavado de cerebro” dentro de la Iglesia de la Unificación. Pero después de ser rescatadas muchas de ellas regresaron a la secta ante la impotencia de sus progenitores. El control mental es efectivo: opera a la distancia y a través del tiempo. .
Sun Myung Moon speaks at the
UTS Graduation, June 21, 2001

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El manual de instrucciones para reclutadores de la secta Moon (una especie de trampa cazabobos a través de la propaganda, las relaciones públicas y la persuasión) puntualiza:
En la primera etapa del contacto, hay que elegir el blanco. Es necesario ser psicólogo, aprender a leer el rostro, impresionar a la gente con nuestra calma, nuestra seguridad, nuestra concentración. Hay que dar a nuestro rostro, en especial a la mirada y a la boca, una expresión que impresione. Debemos saber muy bien que somos superiores a los demás. Es preciso que la gente tenga la impresión de que ganará algo escuchándonos.
Douglas Lenz, un ex estudiante de ingeniería de 21 años, permaneció en la congregación de 1981 a 1983 y puede dar testimonio de ello. Se encontraba de vacaciones en San Francisco, cuando un grupo de amigables moonistas lo invitó a participar en un campamento. Y él fue, pensando aprovechar sus días libres, conocer alguna chica, divertirse, hacer nuevos amigos. Dos años después, sus padres tuvieron que rescatarlo mediante un secuestro en plena calle y una posterior “desprogramación”. Desde entonces, participa activamente en una asociación civil que combate a las sectas en Estados Unidos.
Atrapados sin salida

Según Lenz, hay seis características que influyen para que un joven se sienta atraído por la cofradía: idealismo, ingenuidad, independencia, curiosidad, búsqueda de identidad y cierta dosis de indecisión. A su vez, la secta utiliza tres elementos para captar a los nuevos adeptos: ruptura emocional, lavado de cerebro y control mental.

“La ruptura es una quebradura psicológica que afecta a la mente y se produce al ser inducida por una tensión emocional y/o física externa, como un hueso que se rompe al ser sometido a demasiado esfuerzo”, explica Lenz. Relata que en el campamento cada día parecía mejor que el anterior, pese a que todo lo que hacían los muchachos era escuchar una conferencia tras otra y trabajar. Los días no eran físicamente agotadores, pero todos se sorprendían por lo cansados que estaban al terminar la jornada. Bueno, se decían, por fin ejercitaban la mente y crecían espiritualmente. “No comprendíamos cuánto drenaje físico nos causaban nuestras emociones. Nuevas ideas nos caían sin tiempo para la reflexión, generalidades idealistas con las que se podía coincidir. Las atracciones de El Principio Divino, el libro escrito por el reverendo Moon, eran muchas”. Y los chicos continuaban adelante, cada vez más exhaustos.

“Toda esta experiencia se va incrementando hasta que sucede el momento de la ruptura”, relata Lenz. Siete días después, algo explotó en su interior. “Me vine abajo, me derrumbé y lloré descontroladamente al enterarme que Jesús había fallado en construir el Paraíso en la Tierra y que Dios había puesto la carga de la responsabilidad futura en los hombres”, narra el estudiante. Y explica:

“Lo que le sucede a una persona en el momento de la ruptura no está totalmente claro, pero una analogía sugerida por un psiquiatra de Boston, John Clark, me ayuda. En un sentido, la mente puede actuar como una pantalla de la realidad. En la ruptura, la pantalla que la persona ha desarrollado por su propia experiencia, se quiebra. La persona debe rápidamente construir una nueva imagen. En este punto la única realidad accesible, el único sistema de creencias, es el de la Iglesia de la Unificación. Cuanto más completo es el aislamiento con otros ambientes, más rápidamente se incorpora la visión de los moonies.
Cuando estalla la crisis emocional, la secta tiene todas las respuestas para dar alivio. Y uno se transforma en una especie de cautivo por propia decisión.
Luego de su recuperación, Lenz comprendió que en mayor o menor medida hay elementos del lavado cerebral que son comunes a muchos movimientos religiosos y no religiosos. Esos elementos, dice, no son necesariamente dañinos. “Pero cuando todos estos rasgos o la mayoría están presentes al mismo tiempo en el contexto de un grupo intenso de experiencias y la intención última del grupo es deliberadamente oculta, entonces sí se ha establecido un ambiente de lavado de cerebro. Siguiendo la ruptura, el constante restablecimiento y refuerzo de las creencias del grupo hacen que sus verdades se hagan las verdades de uno. En ese preciso momento, es cuando los métodos de control mental son aplicados”.

Los resultados de la ruptura, el lavado de cerebro y el control mental son –de acuerdo con Lenz– los elementos necesarios para ser un moonie dedicado tiempo completo a la Iglesia de la Unificación. Todo ese proceso se instala con fuerza en el cerebro. Y aunque la persona afectada logre huir, luego de esa compleja manipulación tendrá alteraciones emocionales y disturbios psicológicos severos. La terapia indicada en estos casos tiene una denominación que lo dice todo: desprogramación.

“Purificación”, obediencia y dedicación a la causa

La expresión “lavado de cerebro” fue usada por primera vez por el periodista norteamericano Edward Hunter, como traducción del coloquialismo chino hsi hao (literalmente, “lavar cerebro”). Su aplicación se basa en pasos deliberados, activos y coercitivos para sustraer al individuo de su yoidad, y luego en un procedimiento para construir algo nuevo sobre los dispersos fundamentos que quedan.

El psiquiatra Robert Jay Lifton se especializó a partir de los años 50 en las técnicas del lavado de cerebro y se transformó en una autoridad internacional en la materia. Lifton identificó las condiciones que permiten la transformación del pensamiento aunque el afectado no lo consienta: aislamiento y manipulación religiosa o ideológica, necesidad –creada a partir de estos dos elementos– de “purificación”, obediencia y dedicación a la causa, compulsión a la confesión pública, vivencia de la “verdad sagrada”, nuevo vocabulario y valoración de la nueva doctrina por encima de todo lo demás.

Como comprendió Douglas Lenz luego de su complicada recuperación, en menor, mediana o mayor medida hay elementos del lavado cerebral que son comunes a muchos grupos, religiosos o no. Esos elementos, según como se apliquen, no son necesariamente perjudiciales aunque cumplen su objetivo: instalar cierto tipo de convicción, de idea-fuerza. Se encuentran en movimientos políticos sectarios, corrientes adeptas a determinado tipo de filosofía y comunidades en busca de “espiritualidad”. Esas técnicas también se utilizan –de forma atenuada o intensa– en adiestramiento para ventas, clases de liderazgo, seminarios cerrados sobre actuación teatral, cursos para “sentirse bien” o descubrir “qué-me-pasa” dirigidos a sectores conflictuados de la clase media de las grandes ciudades.

[David S., un empresario textil judío argentino que durante cuatro años hizo su servicio militar en Israel, me comentó en 1994 que los suboficiales del ejército de ese país utilizan procedimientos similares durante la etapa de instrucción con los reclutas: “Lo primero que hace el sargento, además de agotarte físicamente, es desarticularte el cerebro. Cuando ya estás completamente fragmentado física y mentalmente y dudas hasta de tu propio nombre, el tipo te vuelve a «armar» pieza por pieza. Cuando termina, lo ves como «el salvador». Y ya no importa como haya acomodado las piezas porque el suplicio terminó”].

Autómatas manipulados

Los moonistas tienen una edad promedio de 24 años. La captación es gradual e indirecta. Se aborda a los potenciales adeptos en conciertos de rock, universidades, bibliotecas, plazas públicas o en la calle. Según los especialistas, el reclutador elige a los que a su juicio son tímidos, solitarios o parecen estar sufriendo.

Un ex reclutador describe “el tipo ideal” de presa: “Un norteamericano medio de 18 años, serio, optimista, idealista, religioso, con buena salud, a la búsqueda de la verdad y de una vida que tenga sentido, soltero, con preferencia de estilo mochilero, es decir sin vínculos fuertes con una familia, una residencia o una profesión”. Y explica a quiénes se descarta: “Jamás nos dirigimos a los enfermos, a los pobres, a los excluidos de la sociedad. Tienen un mal espíritu”.

El proceso de formación de los nuevos miembros contempla el aislamiento mediante la eliminación de contactos con el mundo exterior, la falta de tiempo libre y el sometimiento a una dura disciplina. Esto elimina los mecanismos personales de defensa, abre barreras internas, disminuye el libre albedrío. Al mismo tiempo, se repite un discurso ideológico que desacredita los modelos de vida de la sociedad y canaliza los deseos de mayor justicia hacia salidas simplistas.

Para atender a los aspirantes en las mejores condiciones psicológicas posibles –sin interrupciones, lejos de la familia, los amigos y las tentaciones– la secta posee casas grandes y cómodas, alejadas del mundanal ruido. Una vez reclutados, los neófitos son sometidos a un acelerado ritmo de actividades: trabajo, gimnasia, comidas muy frugales, otra vez trabajo, discusiones en grupo, rezos, cánticos, más trabajo. Siempre son conducidos por alguien, a un ritmo vertiginoso, y de unas manos pasan a otras. Poco después, no pueden pensar por sí mismos, se transforman en dóciles autómatas manipulados por simples voces de mando.

Larry Park, un californiano que logró escapar de la secta, comenta: “Se induce a un estado de armonía que algunos consideran como un trance letárgico causado por el cansancio. De él sólo se sale por la desprogramación”.

Los primeros tres años de vida del moonista, en cualquier país, se inician con la tarea de recolectar fondos en las calles. Paralelamente, los adeptos donan a la secta todas sus pertenencias: se empieza por una cámara fotográfica, un aparato de música, un par de esquíes, una moto... Y más adelante, los salarios casi completos, sus propios departamentos o las casas de sus padres –si han fallecido– y hasta suculentas herencias. En El maestro habla, una compilación de los discursos del falso monje, se exponen los requisitos esenciales para ser un buen moonista: privarse de dinero y comodidades, de alimento y sueño, de relaciones sexuales y amigos; saber sufrir y ser capaz, de abandonar el empleo, la pareja, los hijos. En pocas palabras: estar dispuesto a todo.

El 12 de enero de 1972, en una presentación en la Universidad de Berkeley, Moon dijo: “Si están a punto de matar, hay que hacerlo verdaderamente; o si van a golpear algo, hay que hacerlo verdaderamente. Siempre hay que hacer las cosas con la misma concentración; sólo así funcionará”.

“Hagan lo que digo, no digan lo que hago”

Los seguidores de Moon pueden tener relaciones sexuales sólo después del matrimonio. El propio “monje” autoriza los casamientos y los celebra personalmente en una enorme ceremonia colectiva, en la cual él y su esposa se presentan vestidos de rey y de reina. Pero éste es otro gran negocio: el primero de julio de 1982, el “reverendo” casó más de 2 mil parejas en el Madison Square Garden, de Nueva York, a un costo de 300 dólares cada una. Es decir, se embolsó 600 mil dólares en un solo día. En octubre de ese mismo año, la ceremonia se efectuó en Seúl, a un costo un poco más barato, con casi 6 mil parejas.

Otra regla prohíbe el divorcio entre moonistas. El “mesías” coreano, sin embargo, vive con su quinta esposa. Y buscando en su pasado se encuentran un proceso judicial por estupro, dos condenas por bigamia y dos denuncias por cometer actos obscenos dentro de uno de sus templos.

Por una parte, los discípulos de Moon son hijos de la pequeña, mediana y alta burguesía, jóvenes que carecen de un proyecto de vida para el futuro. Se sienten confundidos o desilusionados por la falta de perspectivas que les ofrece la sociedad capitalista, llena de promesas, posibilidades y tentaciones pero vacía de oportunidades reales. Algunos de ellos son adictos a las drogas; otros abúlicos y nihilistas. Estos muchachos encuentran en la secta lo que más les falta: una “familia”, un ideal en el cual creer y un trabajo que les hace sentirse útiles.

Por otra parte, menos devotos a la religión pero firmes seguidores de las ideas políticas de la secta, también se encuentran algunos destacados personajes que defienden con uñas y dientes a la misma sociedad que expulsa a esos jóvenes: ciertos intelectuales de la “derecha democrática”, políticos liberales o conservadores, ex ultraizquierdistas desilusionados, dirigentes reaccionarios, profesores universitarios “de centro”, altos miembros de las fuerzas armadas y empresarios dispuestos a hacer negocios como sea. Un auténtico aquelarre.

Detrás de Sun Myung Moon hay mucho más que una misión religiosa. De un lado, el ex electricista montó una de las maquinarias más eficaces para producir dólares; de otro, construyó a su alrededor un poderoso aparato ideológico con vínculos políticos, económicos y militares del más alto nivel. Si todo esto es pura mística, cabe preguntarse qué no hubiera hecho si sus apetencias hubieran sido únicamente terrenales.


14 de Noviembre de 2003
* Sexto y último de una serie de seis artículos

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El Reverendo Moon
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